Hasta ahora los demócratas han tenido muy buenos resultados.
Aunque el conteo electoral aún no ha concluído y solo tenemos datos avanzados, preliminares, que no cierran del todo el nuevo escenario en Senado y Congreso, sí podemos concluir, de forma categórica, que no se ha producido, y ya no se producirá, la tan cacareada “Marea Roja”, e incluso “Tsunami Rojo”, que pronosticaban los estrategas republicanos y algunos otros entusiastas.
Van faltando cierres en Wisconsin, Georgia, Nevada y, por supuesto, ¡Arizona! —¿quién si no?—, con probable empate en el Senado, muy reñidos resultados en el Congreso —de tendencia y posible avance republicano, aunque muy limitado.
Lo ocurrido se puede leer como un muy buen resultado demócrata en tanto las elecciones midterm siempre son una evaluación y un ajuste del partido en el poder, quien acusa el desgaste propio de la toma de decisiones y carga con la responsabilidad de los dos primeros años del período; sumado a estos momentos de crisis e inflación a escala planetaria, las negativas consecuencias de la guerra en Ucrania, el alza de los precios del petróleo durante buena parte de los últimos dos años, el desajuste comercial y logístico resultado de la pandemia, la inyección de elevados fondos públicos debido a lo anterior, las campañas de demagogia y miedo del partido opositor, etc..
Durante los próximos días, o quizás semanas, sabremos la nueva composición de las dos cámaras legislativas, y el partido en el poder tendrá más libertad para llevar su agenda con menos requerimientos electorales, o más bien, electoralistas, pues para muy variados temas quizás no debieron ser tan tibios.
La imagen de Trump y su carácter divisor, también al interior del GOP, constituye un factor central en estos parejos resultados. Buena parte de los apoyos y endosos del expresidente han tenido resultados dispares. O sea, su apoyo ha dejado de ser un elemento que garantiza votos y triunfos. En muchas ocasiones, es lo contrario.
A esta altura Trump fractura y genera debates al interior del propio republicanismo, haciendo inaceptables tales arrastres para buena parte de los independientes (es esta una variable central), siendo este factor unos de los mayores incentivos para los resultados que vemos.
Las posiciones respecto al aborto y los temas reproductivos también han tenido impacto.
Digresión necesaria…
Si bien atar las posiciones del partido demócrata respecto a Cuba a cuestiones electorales siempre fue un error, hoy lo es mucho más.
Los demócratas realizan campañas deficitarias entre los latinos (y entre los cubanos, que ni latinos se consideran) al partir de un supuesto simplificador y equivocado. Ni todas las comunidades latinas son iguales ni reaccionan a los mismos estímulos. Quizás el elemento más unificador entre esos grupos sea el éxito de los slogans nacionalistas o contra el comunismo —¡así estamos!— y las “políticas socialistas” de unos demócratas en realidad más de derecha que de centro. Pero no todos esos grupos humanos se tragan ese sapo.
Es así como De Santis, Marco Rubio y Maria Elvira ratifican su reinado, en medio de falsedades abiertas y verificables, pero es lo que hay.
Son tiempos mediocres, de grandes grupos que juegan a las dicotomías y posicionamientos absolutos en las redes sociales y de influencers de entretenimiento y escapismo, rara vez de educación, instrucción y análisis, casi nunca de enfoque serio a las políticas públicas de unos y otros sino de slogans, propaganda y alimento de creencias.
Y es en estos tiempos, y en este escenario, que los demócratas corren a la zaga en muchos espacios de la Unión al no saber emplear adecuadamente los símbolos de los que usa y abusa su contrario, que ni programas reales tiene en la mayor parte de la agenda.
Así las cosas, por acá por la Florida, le prestan atención al coqueteo con conglomerados humanos ya perdidos por razones ideológicas, no prácticas no racionales ni analíticas, y entran en el juego de sostener lo ya hecho y con resultados ya cantados.
Sigo sin entender porqué los estrategas demócratas le confieren tanta relevancia a un grupo humano que significa alrededor del 7% del padrón electoral de la Florida como son los cubanos con derecho a voto. No es que no sean importantes, por el peso de la tradición, cargos a distintos niveles, poder mediático y simbólico, pero de resultados generalmente previsibles e igualmente limitados en números. Para mejores resultados en las campañas mejor concentrarse y destinar recursos a otros Estados o demás grupos nacionales, a las comunidades afroamericanas, los puertorriqueños, los mexicanos nacionalizados y otros latinos. Con los cubanos republicanos, no hay mucho que hacer. Ellos se creen y viven su propia película, onda Rambo contra el comunismo, pura ficción, la misma que aseguraba habría una Red Wave.



