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Yamil Lage/AFP/Getty Images

SOBRE LA DEROGACIÓN DE LAS MEDIDAS DE TRUMP POR PARTE DEL GOBIERNO DEMÓCRATA DE BIDEN

Sería positivo se reviertan las medidas de Trump hacia Cuba; las que afectan a los ciudadanos de a pie y colocan a Estados Unidos como actor central de la situación interna en la Isla, con sus múltiples efectos distorsivos, inmovilidad garantizada, represión y condenas no matter what y aislamientos e incomprensiones internacionales que carga la primera potencia.

Estados Unidos tiene tanto poder, y las relaciones con Cuba son tan asimétricas, que ojalá se esfuercen en derogar y liberar todo lo que implique empoderar y no torpedear ni subordinar la mejora de las condiciones de vida de los cubanos, la sociedad civil, sus emprendedores y los emigrados, a las variables de política interna de Estados Unidos o la Florida.

Que se salgan de todo lo que amerite la no presencia de tan importante vecino es positivo pues la solución del problema cubano debe corresponder, en primer lugar, y de ser posible únicamente, a los ciudadanos de ese país, sin que esto implique que el Departamento de Estado y la Casa Blanca tengan que mirar para otro lado ante la violación de los derechos humanos o que no se tomen medidas contra los represores y los que dirigen y alientan una sociedad injusta, empobrecedora y de castas ideológicas. Estados Unidos podría incluso –debería– internacionalizar esos esfuerzos y evitar por todos los medios la unilateralidad en sus medidas y acciones hacia Cuba.

Ojalá estemos frente al inicio de un proceso de vínculos más inteligentes y proactivos, en función de actuar allí donde amerite el esfuerzo y mantenerse al margen de todo aquello que solo a los cubanos corresponde.

Es una mejor estrategia que se converse, se negocie y se eviten los maximalismos que solo contribuyen a potenciar y hacer crónicos los conflictos. Hay que dialogar, sobre todo con quienes nos incomodan pero no podemos evitar ni eliminar. La otra opción práctica es la guerra o el uso masivo de la fuerza. Pero, ¿es eso correcto, justo, acaso posible?

Las disposiciones que han buscado la coerción y la asfixia han estado presentes, en mayor o menor medida, pero siguiendo la misma lógica, por más de cinco décadas, y sus resultados son más que obvios: poco o nulo avance, e incluso retroceso en algunos casos, en materia de libertades, aislamiento, atraso material, oleadas migratorias, incumplimiento de los acuerdos que benefician a las familias cubanas, justificaciones todas bien publicitadas por un sistema en crisis y descrédito en el que Estados Unidos es siempre el malo solitario de una película que no tiene fin; un malo que para colmo termina aceptando emigrantes por cientos de miles, pagando la cuenta y sosteniendo mercaderías y remesas.

A esta altura no es descabellado asegurar que las ideas extremas solo han servido para legitimar y conferir razones a ese sistema, en un proceso de retroalimentación macabro que dura ya seis décadas. También ha sido útil para aislar a buena parte de la disidencia de los amplios sectores sociales que aspiran a representar.

Hasta ahora todo indica que la presión y los embargos unilaterales ofrecen resultados positivos frente a modelos como el cubano. Y en el caso eventual que eso pueda ser posible, habría que preguntarse a qué costo, habría que pensar si no estamos frente a medidas inmorales e inhumanas, generalmente promovidas y sustentadas por quienes no las van a padecer.

Ojalá se amplíen y profundicen los contactos pueblo a pueblo y Estados Unidos alcance una política más sensata que no tome tanto en cuenta a los políticos en Washington y Miami que hablan del pueblo cubano pensando únicamente en sus intereses inmediatos. (Total, varios congresistas republicanos por la Florida llaman a los demócratas «neocomunistas», hagan lo que hagan, digan lo que digan, y al margen de cualquier consideración justa, veraz y respetuosa)

No se pueden esperar soluciones express a dilemas, traumas y distancias de tantas décadas, frente a un sistema totalitario que prácticamente tiene como único propósito sostener todo el poder todo el tiempo.

El tímido camino que acá parece iniciarse está repleto de antecedentes complejos, deudas, crispaciones, desconfianzas y resistencias, a uno y otro lado del entuerto bilateral. Pero las ideas y medidas de un Estado central deben alejarse de las prácticas fruto del chantaje, la demagogia, la emotividad paralizante y la politiquería más baja.

En democracia, los resultados electorales tienen consecuencias, y esto que hoy vemos es una de ellas.

Es positivo que las soluciones al drama cubano descansen cada vez más en su variable central e incuestionable: los cubanos.

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NOTA: El peso electoral de la comunidad cubana en la Florida, aunque de cierta importancia y simbolismo, está inflado, exagerado, debido a la alta concentración de poder que han tenido los políticos cubanoamericanos, su desproporcionada representación en el Congreso, los discursos y campañas prehechas, los intereses propagandísticos del propio gobierno cubano y los referentes mediáticos afines. Pero lo cierto es que los cubanos con capacidad de voto somos alrededor del 5% del total de electores en la Florida. Y en el lugar donde más cubanos residimos, en Miami Dade, es un bastión demócrata hace treinta años. O sea, piense cuán decisivos podemos ser si esa mayor concentración de electores republicanos, de la primera minoría que somos los cubanos, no gana en su propio condado.

Condicionar las políticas de estado más sensatas y proactivas, en función de los intereses de Estados Unidos, por la muy remota posibilidad de acceder a unos votos que pueden ser compensados por otras comunidades pareciera tener entonces muy poco sentido en el mediano y largo plazos, como se ha visto.

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